Rusia, un reto para el movimiento LGTB

Rusia, un reto para el movimiento LGTB

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EDITORIAL

El avance, o cuanto menos el no retroceso, de los derechos y libertades del colectivo LGTB en todo el mundo es uno de los retos fundamentales del movimiento LGTB en la actualidad. En algunos países, del ámbito ocidental y latinoamericano, se ha producido un importante y reciente reconocimiento de nuestros derechos y se ha consolidado el apoyo social mayoritario que estos tienen. Ahora mismo en aquellos países sería difícil una vuleta atrás, pero un contexto internacional LGTBfóbico podría cambiar esta situación. De hecho, cuando se producen las mejores noticias para el movimiento, parece que también se producen las peores, toda una paradoja. Rusia es un símbolo de este retroceso que se está viviendo en determinados países, a pesar de que no es sólo el único ejemplo, por su peso político en el contexto internacional que lo convierte en referente.

En este sentido, urge que las entidades LGTB refuercen sus actuaciones como un lobby internacional de presión por los derechos y libertades del colectivo. La ILGA, nacida al 1978, es la herramienta del movimiento para actuaciones internacionales, pero lo que ahora nos hace falta es la movilización de lesbianas, gays, bisexuals y transsexuals y también la opinión pública internacional a favor de nuestras libertades y en contra de los retrocesos. En un primer paso, y de urgencia, el trabajo tendrá que ser por la despenalización en países como Uganda, como Rusia y tantos otros que no salen habitualmente a los medios. A su vez, el movimiento tiene que hacer, como tan bien ha sabido hacer en muchos países, un trabajo de visibilització del colectivo que le permita lograr el apoyo mayoritario hacia sus derechos y libertades. Y, como último objetivo, porque no soñar, seria interesante lograr un marco internacional de protección de nuestras libertades y organismos que velen por su cumplimiento. Una propuesta, esta última, que queda lejos todavía, pero quien nos iba a decir que podríamos tener una ley contra la LGTBfobia y justo ahora se está tramitando en el Parlamento de Catalunya.

Por eso resulta muy importante la tarea de concienciación y la movilización dentro del propio colectivo LGTB. Las personas LGTB tenemos que ser motor con nuestra participación de un movimiento de la opinión pública internacional que detenga el crecimiento de la LGTBfòbia en determinados países. En este sentido, concentracions como la organizada por la Plataforma LGTB.cat el pasado 3 de septiembre en Barcelona, y que contó con centenares de asistentes, van por el buen camino. Las protestas internacionales continuadas supondrían una seria llamada de atención a los gobiernos LGTBfóbicos. Lo que pasa en Rusia o en Uganda nos afecta. Los derechos civiles, y no sólo del colectivo LGTB, se encuentran influidos por el contexto internacional y no pueden aceptar ni un paso atrás, es más tenemos que provocar que se produzcan pasos adelante.