EDITORIAL

Recientemente la El Tribunal de Justicia de la Unión Europa ha señalado en una sentencia que la LGTBfobia es motivo para conceder el asilo en territorio euopeo. Se equipara así la situación de las personas LGTB que están ser perseguidas por su orientación sexual a las que lo son por otros motivos políticos. De hecho, a pesar de que no se aplica, el Estado español ya tiene reconocido este derecho. Esta decisión de ámbito europeo es un gran avance. Si bien el gran objetivo es acabar con la LGTBfobia, en nuestro país tenemos el gran reto de aprobar la primera ley específica por los derechos de las personas LGTB, el camino es largo y hay objetivos más pequeños que pueden contribuir a la mejora de la calidad de vida de los que forman parte de nuestro colectivo. A veces, no hay más remedio que huir, y estas pequeños objetivos, como por ejemplo el derecho al asilo, son la última salida para los represaliados, la única forma de conseguir una vida digna. La sentencia del tribunal europeo es una gran noticia, un gran paso adelante que tenemos que celebrar. Pero no podemos tener bastante. La UE tiene que incluir entre sus objetivos en política internacional los derechos del colectivo LGTB.

El movimiento LGTB de cada país de la Unión pero también en ámbito europeo tendría que presionar para que los gobiernos y la Unión Europa incluyan en los objetivos de su política internacional la lucha contra la LGTBfòbia: el reconocimiento de los derechos y de la visibilidad de nuestro colectivo. Ya lo decíamos en la editorial Rusia, un reto para el movimiento LGTB, el gran reto es conseguir consolidar nuestros derechos a partir de su globalización. Cuantos más países den apoyo a los derechos del colectivo LGTB más difícil será una marcha atrás. Hace falta que recordamos ante los demasiado pesimistes que hemos ganado mucho, pero también, ante los demasiados optimistas, que queda mucho por ganar y que los derechos que tanto han costado conseguir siempre pueden ser revocados. Por esto nos hay que consolidarlos en todo el mundo. Y por esto hace falta un movimiento LGTB fuerte que actúe localmente y globalmente para consolidarlos, y que sea, sobre todo, solidario con las luchas LGTB de otros países. Debemos de estar alerta. Y lo tenemos que estar por solidaridad pero también porque nos afecta directamente: los derechos del colectivo LGTB serán globales o no serán.