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Lo que TV3 decidió no mostrar en su documental sobre menores transexuales

Este domingo por la noche TV3 emitía un documental en su programa 30 minuts sobre menores transexuales. Y 48 horas después muchas personas aún no nos hemos recuperado del impacto. Mientras el twitter ardía de enahorabuenas y felicitaciones por este gran trabajo periodístico, otros nos preguntábamos como en 30 minutos se podían reproducir de forma tan contundente los principales discursos que venimos combatiendo desde hace una década en el activismo trans. Lástima que artículos como este no tendrán el dispositivo feroz de viralidad que tiene TV3. Sea como sea, aquí van algunos elementos para una reflexión crítica.

Unos buenos ingredientes

El documental nos ha servido los grandes hits de la representación mediática clásica de la transexualidad: personas trans entrañables, que pasan absolutamente desapercibidas socialmente (y que consiguen que los y las espectadoras se apalanquen ante la pantalla pensando “es que no lo parece para nada! “), madres que lloran por haber perdido un hijo o una hija (y padres que se contienen bastante bien las lágrimas), médicos que son grandes expertos en la materia y nos explican las causas de la transexualidad, y para terminar … el mejor de los mejores: unas imágenes del quirófano (nunca falla). Para acompañar el plato, una salsa de estereotipos de género: vestidos de princesa, manicuras, deportes, bigotes pintados, instrumentos musicales de los que se pueden golpear, como una buena batería…

Los movimientos trans llevan años cuestionando este tipo de documentales televisivos porque contribuyen a reificar un relato de la transexualidad hegemónico y sin fisuras. Existe toda una corriente de estudios trans que trabaja precisamente la representación mediática del hecho trans y el impacto que tienen según qué discursos en la auto-percepción de las personas trans. Sin ir más lejos, la socióloga trans marsellesa Karine Espineira nos visitará en Barcelona el próximo mes de junio para explicarnos su investigación sobre la representación trans en la televisión francesa. Estas propuestas teóricas explican cómo algunos mitos de la transexualidad que se viralizan a través de la televisión son elementos clave para entender cómo se construye (o destruye) la autoestima trans. La pieza de TV3 es un ejemplo perfecto. ¿Cómo pensáis que nos sentimos muchas personas trans cuando oimos cosas como que hacer la transición a la edad adulta es poco menos que una pesadilla, que la persona que éramos antes de transitar ha muerto, o que esto de ser trans es una etapa que se termina cuando ya eres invisible. ¿Pensais que es un discurso muy positivo? Una buena parte de la gente trans nunca será invisible…

La transexualidad no es una enfermedad …. pero casi.

Los contenidos del documental serían previsibles si no fuera porque desde el activismo trans llevamos muchos años cuestionando este modelo. Barcelona ha sido una ciudad pionera en Europa en la lucha por la despatologización de la transexualidad y la promoción de referentes trans que rompan con el discurso biomédico. Reivindicar que la transexualidad no es una enfermedad no es sólo un eslogan, no es una frase hecha. No basta con que nadie diga la palabra “enfermedad” durante 30 minutos. Lo que estamos diciendo es que es urgente superar el discurso médico de la transexualidad que lleva más de 50 años hablando por nosotros. El hecho trans no es ningún problema médico, es una experiencia, una trayectoria vital más que se enmarca en el sistema social que sólo acepta dos categorías “hombre” y “mujer”. Pero todo esto no cabía en 30 minutos…
El resultado es para muchos y muchas de nosotros ofensivo: en prime time en la televisión pública los médicos de las Unidades de Identidad de Género de varios hospitales explican qué es la transexualidad. Es igual si estos profesionales llevan años siendo fuertemente cuestionados por el movimiento trans por su práctica patologizante, sexista y tránsfoba, por su incapacidad de escuchar las demandas de las personas trans, por su negativa para reconocer nuestra experiencia sin evaluarnos. Estas personas que explicaban qué es eso de ser transexual firman aún hoy diagnósticos de trastornos de identidad de género, una vulneración gravísima de nuestros derechos. Por eso creo que este documental es una pequeña gran derrota, porque si sus realizadoras no entendieron que es absolutamente inaceptable hacer este relato es que aún nos queda mucho trabajo. De qué sirve que la ley catalana diga que la transexualidad no es una enfermedad si la televisión pública sigue entrevistando a los profesionales del Hospital Clínico para explicar el tema a la sociedad catalana.

Lo que TV3 decidió no mostrar en su documental

Durante el proceso de investigación sobre el tema una de las documentalistas me propuso que habláramos. Lo hicimos durante más de una hora por teléfono. Les expliqué mis posiciones sobre el tema ampliamente y me dijo que ya volveríamos a hablar. Al cabo de tres meses recibí un mail de agradecimiento diciéndome que ya estaban terminando el documental y que no me entrevistan porque ya tenían mucho material. Más tarde supe que efectivamente entrevistaron a varias personas, pero ninguna de éstas salió por la televisión el domingo por la noche. ¿Porque? De hecho lo que paso es que las realizadoras seleccionaron de entre todos los “testimonios” cuáles funcionarían mejor, cuáles había que destacar y cuáles no. Y escogieron a Goliat. En algún momento decidieron que era lo mejor para enseñarle a los espectadores. Escogieron los discursos que mejor encajaban con el discurso hegemónico de la transexualidad. Éste que algunos intentamos combatir. Pensaron que, para empezar, mejor hacer un discurso fácil con el objetivo de que la gente comprara la idea de la transexualidad infantil. Obviamente la mayoría de la gente la compró. ¿Quién se puede resistir a esta criatura de 6 años monísima diciendo que los médicos le miraron los genitales pero no el cerebro y por eso se equivocaron? ¿Quién puede negarse a estos médicos con batas blancas y con pasillos de hospital de fondo hablando de las causas de la transexualidad durante la gestación? Porque claro, la transexualidad es un tema tan complicado que mejor no liar a la gente. Como si la idea de ciencia ficción de pensar que se puede nacer con un cuerpo de un sexo y el cerebro del otro fuera fácil de entender. ¡Es absolutamente surrealista! Por eso entiendo la rabia de los Joves Trans de Barcelona que fueron entrevistados y plantearon discursos críticos cuando descubrían que ellos no estaban en la selección de menores transexuales televisables. Os aseguro que ser trans y tener 16 años no es nada obvio, por eso nos deberíamos sentir orgullosos de estos chicos y chicas que se atreven a cuestionar el discurso único de la transexualidad y se rebelan contra estas representaciones. Como mínimo, darles un minuto de treinta. Escogieron a Goliat cuando decidieron mostrarnos sólo una parte de los discursos sobre la diversidad de género en la infancia eliminando la experiencia de muchas otras familias que frente a las mismas experiencias decidieron no utilizar el paradigma de la transexualidad infantil para acompañar a sus hijos e hijas.

El minuto de gloria: la transexualidad está en el cerebro

Y por fin, en el número uno: “El sexo está en el cerebro”. Quien nos hace por primera vez la reflexión es el niño de 6 años que abre el documental. Ni más ni menos. Una idea imposible para una persona tan pequeña pero que ha aprendido a memorizar con relativa fluidez. Sin entrar en la perversidad de usar la ternura de estos niños para difundir discursos sexistas, yo tengo unas cuantas preguntas. Si el sexo está en el cerebro, estamos perdiendo el tiempo. ¿Qué hacemos trabajando la coeducación en la escuela? ¿Qué hacen las feministas luchando contra los estereotipos de género? ¿Qué hacen las instituciones públicas fomentando la igualdad de oportunidades? ¿Qué hacemos diciendo que hay que transformar los modelos de masculinidad y feminidad tradicionales? ¿Qué hacen estas familias que educan a sus hijos sin un género determinado? ¿La gente que leéis este artículo, de qué sexo tenéis el cerebro?
Escuchad, la gente trans no tenemos discordancias biológicas entre el cuerpo y el cerebro, sino formas de vivir el cuerpo y la identidad que no encajan con las que propone nuestra cultura. Por eso trabajamos para cambiarla. El rollo de que la gente tiene cerebro de hombre o de mujer (se ve que se ha de tener uno de los dos, y que no se pueden tener los dos a la vez) es una idea recurrente cuando se habla de transexualidad y se utiliza para que “la gente entienda lo que nos pasa”, pero de hecho, fuera de este contexto, es una idea profundamente sexista. Atrevámonos a abordar el porqué de los malestares de las personas trans desde una perspectiva social, reflexionemos sobre si estos malestares tienen que ver con alguna anomalía cerebral o con unos modelos sociales y culturales de masculinidad y feminidad, de cuerpos e identidades, que de hecho incomodan y generan malestares a mucha más gente que las personas trans. Los modelos de hombre y de mujer son extremadamente rígidos y limitados para cualquiera.

La batalla por la cultura trans

Lo que más me violenta es que todos estos contenidos hayan seducido a tantos y tantas espectadoras. Y es que es posible construir un relato amable y entrañable sobre el tema trans aunque tenga un trasfondo patologizando y sexista. Nos habrían venido tan bien estos 30 minutos de audiencia para explicar cosas transformadoras sobre el imaginario trans. En este sentido, reconozco que el programa estaba muy bien hecho, consigue que una forma de pensamiento absolutamente conservador parezca por momentos la más pura defensa de la dignidad trans. El problema es que esto no era un ejercicio de marketing sino televisión, que ve muchísima gente, que construye referentes, que crea imaginarios, que podría fomentar miradas críticas y decide no hacerlo porque “la gente no lo entenderá”. Estamos hartos de trabajos periodísticos sobre el tema trans que parten de infantilizar al espectador y a la vez nuestra experiencia, que no escuchan lo que la gente trans estamos diciendo. Estamos agotados de explicar que la buena intención no es una excusa para reproducir discursos esencialistas. No todo vale por la aceptación social. No si esto significa negar la pluralidad de la experiencia trans, esconder a la gente que nunca pasará desapercibida porque no son fácilmente asimilables, silenciar que muchas personas trans estamos planteando que la identidad de género es un constructo social, invisibilizar la propuesta política que hacen los activismos trans para la transformación social. Si la aceptación social quiere decir esto, no la queremos. Deja a buena parte de nuestra gente en la estacada y legitima unos modelos de masculinidad y feminidad que nos están matando. Y no pensamos callar ante este espectáculo pop de la transexualidad. Queremos conquistar el relato hegemónico de la transexualidad, y no dejaremos de trabajar hasta conseguirlo. Y tú, tú nos haces falta en esta lucha.

 

Miquel Missé (Barcelona, 1986). Sociólogo y activista trans. Ha participado en varios colectivos de lucha trans y ha sido un miembro activo de la Red Internacional por la Despatologización Trans como dinamizador de la campaña Stop Trans Pathologization. Ha editado conjuntamente con Gerard Coll-Planas/ El género desordenado: Críticas en torno a la patologización de la transexualidad (EGALES,2010) y recientemente Transexualidades, Otras miradas posibles (UOC, 2012). Actualmente es uno de los dinamizadores del Espacio Abierto Trans Intersex de Barcelona y del proyecte Cultura Trans.

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