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La hora quieta es el título de la novela de María Dolores Farrés en la que trata del amor entre dos monjes en el monasterio de San Llorenç. No es la primera vez que se publica pero si que lo hace en toda su extensión. Hace 25 años que la autora comenzó a escribirla.

Rosa Almirall es doctora en ginecología y obstetricia, militante feminista en los años 80, y además sexóloga. También es en este momento la directora de los Servicios de Ginecología de Atención primaria del Instituto Catalán de Salud y creó el servicio Trànsit de promoción de la salud de las personas trans* dentro de la sanidad pública, y que da atención a todas las personas con identidades no normativas que se acercan de toda Catalunya.
La Rosa Almirall ya estuvo en el primer centro de Planifiación Familiar de Barcelona y también ha estado muy implicada en la lucha feminista.

Un servicio que básicamente que valida a la persona en la situación que esté, es decir que no hay ninguna prueba diagnóstica ni ninguna prueba psicológica o psiquiátrica que pueda definir a una persona, sólo lo que es la propia vivencia de la persona y cómo se define.

La iniciativa, muy inicialmente, era simplemente crear una consulta respetuosa hacia personas con cuerpos diversos y que no se siente ni discriminadas, ni rechazadas, es decir, una consulta amable para poder hacer lo que la Rosa ya hacía como ginecóloga pero aplicado a personas tanto con cuerpos diversos como incluso con orientaciones sexuales no normativas.

También hemos hablado con el Kenzo Marín, que es una persona trans* que asistió al servicio y luego comenzó a trabajar.

El servicio Trànsit se encuentra actualmente en el CAP de de Numància de Barcelona aunque comenzó en el centro de Manso. Muchas personas usuarias que han pasado por Trànsit han creado una Red de Iguales de voluntariado para acompañar y apoyar a personas a acudir al servicio.

Trànsit tiene importantes aliados en la administración: el ICS, el área LGTBI de la Generalitat y la Conselleria de Salud que consideró Trànsit la puerta de entrada a la salud de las personas trans. Han venido a conocer el modelo desde Baleares, Dinamarca y Australia.

Las personas trans* no hemos nacido en un cuerpo equivocado. Ni tenemos el cerebro de un género determinado. Ni necesitamos un constructo social de ningún género alternativo. Y esto, aún hemos de explicarlo porque la gran mayoría de la sociedad no es consciente.

¿Por qué el movimiento feminista debe incluir a las mujeres trans? ¿Por qué las mujeres trans debemos reconocer el movimiento feminista? ¿Por qué nos necesitamos las unas a las otras?

Las personas trans* somos un segmento de la población al que la sociedad odia, menosprecia, discrimina y estigmatiza. Estar incluidas dentro del DSM-V del “Manual de Desórdenes Mentales” y “sufrir” un trastorno de identidad sexual y de género no nos ayuda. Continuar dentro de la medicina y la psiquiatría como personas consideradas que tienen una enfermedad mental es, cuanto menos, una realidad estigmatizante.

Estamos dentro de un mundo globalizado donde en 72 países se considera un delito no tener una orientación heterosexual, siendo el transgenerismo motivo suficiente para desencadenar la prisión o la condena a pena de muerte. Esto conforma unos hechos estructurales de odio y estigma hacia las personas trans*.

La transfobia es un conjunto de hechos, mecanismos, situaciones y estructuras que desencadenan y originan una violencia física, estructural, administrativa, psicológica hacia las personas trans* por ser distintas, por manipular el género de “otra forma”, por el hecho de vivir nuestro género en el exterior de las fronteras que el cisheteropatriarcado dicta.

Ésta transfobia se desencadena hacia las personas transvisibles. Las mujeres trans, muchas de nosotras, somos transvisibles; por mucho que queramos pensarnos o leernos como mujeres, llegar a una invisibilidad, es para muchas de nosotras misión imposible. Dentro del segmento de la población trans*, nosotras, las mujeres trans*, continuamos siendo el target más castigado, más estigmatizado y más transgresor.

Sin embargo los asesinatos tan solo son la punta del iceberg de una estructura transfóbica que nos hace vivir en la exclusión social permanente:
– El fracaso escolar por el bullying y la discriminación por tener una identidad sexual y de género que no se ajusta a la norma, proporciona un absentismo formativo que desposee de competencias técnicas y discursivas desde la edad temprana.
– La desafección familiar hacia las mujeres trans* en núcleos familiares y sociales nos desposee del arraigo familiar, de los círculos socio afectivos, del privilegio de sentirnos queridas y formar parte de un sentimiento común familiar.
– Las dificultades para realizar una inserción laboral en el mercado laboral formalizado nos desposee de construirnos sujetos políticos, de socializarnos, de poder tener derechos sociales más allá de la individualización como personas.

Poco a poco se van construyendo alianzas de personas trans* en muchos lugares del planeta. Estas corrientes que bajo el lema de la identidad sexual y de género, de la diversidad, promueven la visibilización y el empoderamiento de las personas trans* a través de redes sociales, de asociaciones, de medios de comunicación que hasta hace muy pocos años estaban fuera de nuestro alcance.

Más allá de todas estas visibilizaciones debemos construir alianzas con otros movimientos sociales que son atravesados por las mismas interseccionalidades por las que nosotras mismas estamos atravesadas.

El feminismo es un conjunto de movimientos políticos, sociales, económicos y culturales que tiene como objetivo el empoderamiento y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, así como cuestionar el patriarcado, la dominación y las violencias ejercidas sobre las mujeres, además del cuestionamiento de la asignación de los roles según el género.

Eureka! Todo lo que las mujeres trans* desean visibilizar tiene muchos puntos en común con el feminismo. Contando con el largo historial y las muchas décadas de experiencia y de resultados podemos tejer alianzas desde la empatía y el autocuidado.

Estos mecanismos de opresión que son los tentáculos del patriarcado diariamente cuestionados por el feminismo son el principal eje de opresión que también tenemos las mujeres trans*
Al tejer alianzas entre las problemáticas de las mujeres y las problemáticas de las mujeres trans hemos comprendido que las violencias ejercidas sobre las mujeres no solo responden a unos mecanismos propios de un hecho estructural del odio por la identidad de género, sino a una estructura-macro aún más privilegiada, el patriarcado.

Desde hace unos años, miles de mujeres, trans y cis, estamos denunciando que los asesinatos de mujeres trans* sean también leídos e incluidos dentro de las listas de feminicidios.

Tejer alianzas también significa ampliar el campo e incluir el acercamiento de las mujeres trans a los espacios de seguridad o espacios no mixtos. Que seamos leídas como lo que somos, sujetos políticamente mujeres. Independientemente de nuestra apariencia, de nuestra expresión de género, de nuestra genitalidad somos políticamente mujeres, y por ello, somos atravesadas por los mismos hechos estructurales y patriarcales.

Nuestras palabras son aunar esfuerzos, acercamiento y sororidad. Estamos en el mismo barco y remamos en la misma dirección. Nosotras tampoco deseamos que la educación sea bajo las normas del género, ni ser determinantes en lo que es “ser hombre” y “ser mujer”. De este modo pensaremos una sociedad que no estará sobre unos cimientos de género extremadamente estereotipados y con unos roles rígidos e impuestos.

Esta deconstrucción del género nos llevará a pensar que una mujer que se deje vello en las axilas no será ni más ni menos mujer y no le preguntaremos ¿Pero tú no querías ser mujer? Del mismo modo cuando una mujer quiera ser jugadora de rugby no será cuestionada sobre su mayor o menor feminidad.

En toda esta deconstrucción estamos todas!

 

Belén Camarasa (Barcelona, 1965) activista trans. Actualmente trabaja como dinamizadora del espacio “Sororitat Trans”l en la Fundación Surt. Piensa que el reconocimiento político de las mujeres trans* pasa por ocupar espacios en el mercado laboral.

 

Pol Galofre, es activista trans y ha colaborado en diferentes entidades LGTBIQA+, como Sinver, Cultura Trans, el Espai Trans o el Col·lectiu I +. También trabaja en el centro Francesca Bonemaisson de Barcelona y en la compañía de teatro social La Xixa Teatre.
De formación es sonidista y ha colaborado en diferentes documentales y cortos de temática LGTBIQA+. Toda su actividad (voluntaria y laboral) está atravesada por el activismo trans ya sea en las diferentes entidades como a nivel individual, haciendo charlas, escribiendo o dando clases.

Idem entrevista a Toni Ponce, periodista y jefe de comunicación que también realiza tareas de voluntariado en varias entidades. Estas tareas tienen el valor añadido de ser profesional de la comunicación y conocer muy bien este mundo.
La entrevista la grabamos en Radio TriniJove (emisora del barrio de la trinidad vieja) donde colabora en un programa para el colectivo LGTBI que se llama “Diversitats”

La Raposa es un espacio de encuentro -situado en el Poble Sec de Barcelona- de Transfeministas, veganas y personas LGTBIQ. El grupo Bolleras Veganas iniciaron este proyecto hace pocas semanas y se constituyeron como cooperativa. En el espacio hay un bar, una sala para hacer charlas y talleres y una librería transfeminista.

Hoy, 17M, es el Día contra la LGTBIfòbia, por eso idemtv ha entrevistado a la pareja de chicos que sufrió una agresión física en Berga a la salida de una discoteca. Andy y Jorge nos cuentan su vivencia y desde el Obserbatori contra la homofobia nos apuntan cuáles son las vías de denuncia.

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El pasado día de Santa Jordina se celebró un acto literario en Ca la Dona de Barcelona sobre poesía y poetas Lesbianas. Fue organizado por Bollos en Teoría y Ca la Dona y presentado por Carme Porta y Mercè Otero.

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