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Entrevista realizada por Carme Porta

George Reginald Freeman tiene 31 años. Nació en Sierra Leona. Es abogado y activista LGTBI. Actualmente es un refugiado por este activismo.

¿Cuál es la causa de tu demanda de asilo político?

El Gobierno de mi país me quiso matar por ser gay y activista, defensor de los derechos de las personas LGTB en Sierra Leona. Lo que hacía era ayudar a las personas LGTB a acceder a los servicios médicos, a la justicia, desde Pride Equality, la entidad que defiende los derechos de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales en Sierra Leona. En mi país una persona LGTB no le dejan acceder a los servicios médicos y otros. Por eso hacíamos piña y ayudábamos quien lo necesitaba, eso me costó amenazas y pude salir.

No es fácil el reconocimiento del estatus de refugiado, ¿como fue tu caso?

En ese momento yo estaba haciendo un trabajo en Sierra Leona en colaboración con Fundación Triangulo, un proyecto de cooperación internacional por los derechos de las lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. Era un proyecto financiado por el Ministerio de Exteriores español. Previamente habíamos trabajado con Triángulo y manteníamos buena relación. En ese marco me hice muy visible a partir de una entrevista en prensa, recibí muchos ataques, amenazas, agresiones, me destrozaron el coche, atacaron mi casa … Huí a Ghana para solicitar el visado en la embajada española. Enviamos un mensaje a Fundación Triángulo que me ofreció la posibilidad de ir con ellos y tramitar la petición de asilo político, huí del país con dos compañeros más.

Así fue un proceso rápido!

El mio fue un caso especial, pero normalmente las cosas no son así, las personas solicitantes de asilo no lo tienen fácil, sufren mucho. Yo era una persona muy pública como activista pero la gente no tiene esta oportunidad.

¿Cómo es la situación en tu país?

El año 2013 publiqué el primer informe sobre la situación del colectivo LGTB en Sierra Leona, un informe que recibía el apoyo del gobierno de los Estados Unidos. El gobierno a nivel internacional se justifica pero la realidad es que las personas LGTBI no tienen derechos reales. Si agreden no puedes ir a denunciar que la propia policía forma parte de un sistema discriminatorio, te ponen en prisión sin poder ejercer tu derecho. Nos detienen sin ni siquiera registro, son detenciones ilegales pero que se llevan a cabo. Las lesbianas sufren mucho con las violaciones organizadas para que corrijan su orientación. Las personas trans tienen una presión muy grande y un rechazo social altísimo. De hecho, aunque se rige todo por leyes antiguas, una ley inglesa de 1861 oOffenses against the persons Act  (Ley de delitos contra la persona), con la que se prohíbe la homosexualidad y se aplican penas entre 10 años y cadena perpetua, según el juez.

¿Como afrontábaís esta situación en Sierra Leona?

En 2007 creamos Pride Equality en Freetown para defender nuestros derechos y los derechos de todas las personas LGTBI, sobre todo el derecho de acceso a la sanidad. Un amigo mío que estaba infectado por el VIH no podía acceder a los servicios de salud, esto provocaba una degradación importante de su bienestar y su salud. Es un derecho de todos que las personas LGTBI no podemos ejercer porque es una obligación que en el acceso a los servicios de salud sexual tengas que llevar tu pareja y gays y lesbianas no pueden acceder porque saben que es ilegal y tienen miedo.

¿Como sigues trabajando ahora?

Actualmente he fundado Pride Equality International para poder seguir haciendo el trabajo que hacía en mi país. Seguimos trabajando en los mismos parámetros yo desde aquí apoyando a la gente de mi país.

Este mes de mayo recordamos, desde las entidades, los sindicatos, las universidades y las instituciones la lucha contra la lesbofobia, homofobia, bifobia y transfobia. Es no sólo necesario, sino también imprescindible.

La ley 11/2014 que fue impulsada por el mundo asociativo y aprobada por una mayoría parlamentaria, es un instrumento valioso que hay que continuar desarrollando, mejorando y complementado desde las políticas públicas, y también desde la sociedad civil, el mundo laboral y la académico. Tenemos muchos retos pendientes todavía. Pero hay también una mirada a todas las personas del colectivo de todo el mundo, que no sólo no están al amparo de una ley de garantía de derechos más o menos mejorable, sino que por el solo hecho de no responder a los patrones heteropatriarcales son marginadas, perseguidas y castigadas.

En el día internacional contra la LGBTIfòbia, y cada día, debemos recordar aquellas personas que por ser sencillamente que quieren ser y amar como quieran, ponen su vida en peligro.

Aquellas y aquellos que pueden ser multadas, castigadas, encarceladas, torturadas, violadas o incluso asesinadas al amparo de leyes despóticas que los niegan la libertad, la libertad de ser y amar como quieran. Para denunciar los gobiernos que actúan así, para no dejar caer en el olvido todo su sufrimiento, para empujar al mundo a una mirada de respeto a los derechos humanos, hace falta que hablemos, hoy, este mes, cada día. Y hay que abrimos la mirada, el corazón y las fronteras a las personas que tienen que huir de su país para poder ser quienes son, para poder vivir su diversidad sexual y de opción de género sin riesgo de su vida.

Hagamos de Catalunya un país de refugio LGBTI.

 

Mireia Mata Solsona es Directora General de Igualtat de la Generalitat de Catalunya

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