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memoria histórica

“Tacos altos en el barro” es un documental presentado en el Festival internacional de cine Asterisco, promovido por la Secretaría de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y DDHH de la Argentina.

El documental muestra la vida de seis transexuales que viven en comunidades indígenas y su vida cotidiana. Una vida difícil como miembros de pueblos indígenas negados, olvidados y maltratados y una vida difícil como personas transgénero empujadas a la prostitución o con duras persecuciones policiales, pero que encuentran un cierto apoyo social en sus comunidades. Vidas difíciles que pueden tener oportunidades con cambios legislativos, como algunas de ellas reconocen.
Lejos de allí encontramos avances importantes para las personas trans. En Dinamarca se permitirá el cambio legal de género aunque no haya intervención quirúrgica de cambio de sexo, una de las reclamaciones importantes del colectivo.

Si seguimos en la realidad filmada, o televisada, también hemos podido ver “El sexo sentido” un documental sobre la transexualidad en los menores de edad, una realidad oculta y que se acaba reprimiendo , una realidad que se debe que visualizar y escuchar, para no excluir socialmente ninos y niñas que apenas empiezan a vislumbrar un futuro diferente al que les obliga la sociedad.

Son ejercicios de sensibilización importantes que no pueden quedar en pequeñas piezas documentales, sino que deben servir para concienciar y mejorar la vida del colectivo.
Mientras la LGTBfobia también sube y atacaban con ácido, durante el desfile del orgullo, a Ulrike Lunacek, eurodiputada de los Verdes co-presidenta del grupo LGTB del Parlamento Europeo y el diario La Gaceta ataca los menores transexuales hablando de “podredumbre” la exhibición de “El sexo sentido”.

Grandes pasos adelante pero todavía muchísimas, pequeñas y grandes, para hacer para poder vivir con derechos y dignidad no sólo desde la dignidad y la resistencia.

 

Es técnica en imagen fílmica. Ha trabajado en varias emisoras de radio, televisión y publicaciones escritas. También ha trabajado como gestora cultural. En el campo de la creación artística y ha participado en proyectos audiovisuales y cinematográficos.
Fue diputada en el Parlamento de Catalunya, concejala del ayuntamiento de Esplugues y Secretaria de Políticas Familiares y Derechos de Ciudadanía a la Generalitat de Catalunya.
Ha participado en las publicaciones 20 anys de feminisme, Dones i Literatura. Present i Futur, Politiche familiari europee. Convergenze e divergenze , entre otros.
Actualmente es editora y jefa de comunicación y colabora en diferentes medios LGTB y participa del proyecto IDEMTV, con dos profesionales más.

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El Pleno del Consejo General de Andorra ha rechazado la proposición de ley de matrimonio entre parejas homosexuales, con el voto negativo de la mayoría de gobierno, Demócratas por Andorra. El colectivo Gaymz considera que este rechazo es discriminatorio y anticonstitucional.

La proposición de reforma de la ley vigente, presentada por el grupo parlamentario socialdemócrata, viene avalada por una recogida de firmas impulsadas por diferentes juristas de Andorra y ponía sobre la mesa la equiparación del matrimonio a la unión entre personas del mismo sexo. La ley en vigor actualmente, desde 1995, recoge en su artículo 1, el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. En cuanto a la adopción, actualmente sólo puede ser solicitada por parejas heterosexuales o personas solas de más de veinte y cinco años.

 

 

El debate político se ha centrado en cómo llamar la unión, porque si bien no hay oposición respecto al reconocimiento de las uniones civiles, sí se discrepa en cuanto al reconocimiento del matrimonio igualitario, lo que hace que las parejas del mismo sexo mantengan su discriminación en aspectos tan importantes como la adopción, nacionalidad o sucesiones.

Mariona González, del grupo parlamentario socialdemócrata defendió la necesidad de avanzar en los derechos, tal y como han hecho los países del entorno y hacer un reconocimiento del matrimonio igualitario.

Esta falta de consenso apunta hacia una gradualidad en la igualdad plena de derechos para el colectivo según apuntaba el grupo Demócrata que apoya al Gobierno.

Gaymz Andorra, el colectivo LGTB, considera que el Gobierno deja claro que no todos los ciudadanos son considerados iguales y quieren trasladar la propuesta al Tribunal Constitucional de Andorra.

La Inquisición se implanta a la Corona de Aragón y el Reino de Castilla en 1478. Su objetivo era mantener la ortodoxia religiosa y perseguir la herejía. Era una institución ligada a la monarquía que no tenía las mismas competencias en todos los territorios. Inicialmente en Castilla podía perseguir la sodomía, mientras que en los territorios de la Corona de Aragón no. Esta institución nunca estuvo muy aceptada en la Corona de Aragón, especialmente se vio como una intromisión castellana contraria a los procedimientos judiciales tradicionales. En Zaragoza llegaron a asesinar al Inquisidor de Aragón al 1485.

En Catalunya ni los Usos, ni las Constituciones Catalanas tipificaban el “crimen sodomítico”; los diferentes tribunales que querían actuar se basaban en viejas leyes romanas o visigodas. La primera vez que una ley catalana trató el tema de la sodomía fue el 1585 , el rey Felip I (II de Castilla) la introdujo en las ” Constituciones de Catalunya”.

A inicios del siglo XVI dos hechos cambiarán las cosas. Por un lado el entorno castellano de Carles I quiere tener herramientas para actuar en la Corona de Aragón, por otro la persecución de la herejía no da suficientes ingresos a la Inquisición un vez expulsados los judíos. Al 1524 el Papa Clemente VII autoriza a la Inquisición perseguir el pecado nefando en Catalunya, Aragón y Valencia. Este hecho originó un conflicto competencial que no se solucionó ni siquiera al 1714. Podríamos decir que la introducción de la persecución de la sodomía tuvo unos motivos mas políticos y económicos que no religiosos.

Los tribunales del Santo Oficio confiscaban los bienes de los encausados al inicio del procedimiento, aceptaban testigos anónimos, aplicaban la tortura sin restricciones y por si fuera poco los juicios acostumbraban a ser secretos. Los tribunales catalanes basaban sus sentencias en las pruebas, los testigos y los juicios eran públicos, las confiscaciones se producían después de las sentencias condenatorias, la tortura tenía que ser autorizada por el juez (en el Reino de Aragón la tortura en sede judicial estaba prohibida). Otra diferencia se daba en las sentencias a morir a la hoguera, a partir del siglo XIV en Catalunya los sentenciados a la hoguera antes eran enristrados.

Las sentencias de los tribunales del Santo Oficio se tenían que aplicar de acuerdo con las constituciones y leyes seglars “de cada país”, según la sentencia de 1524. Los jueces catalanes, aragoneses o valencianos que vieron invadidas sus competencias se cogieron a este aspecto para poner todos los impedimentos que tuvieron a su alcance . Por si fuera poco, los inquisidores acostumbraban a ser castellanos, hecho que aumentó el conflicto y la desconfianza .

Los conflictos no acabaron aquí. Las sentencias de muerte tenían que ser ratificadas por las diferentes audiencias y éstas raramente lo hacían cuando eran por sodomía. La mayoría fueron bloqueadas. Los tribunales de la Inquisición optaron para enviar a galeras a los condenados.

Es imposible saber el número total de personas encausadas durante este periodo, hay que recordar nuevamente que todos los tribunales tenían competencias en este sentido y que nuestra convulsa historia ha hecho desaparecer muchos archivos que nos ayudarían a conocer la realidad de estas persecuciones.

La aparición del libro de Jaume Riera y Sans, Sodomitas catalanes. Historia y vida, siglos XIII-XVIII, ha aportado mucha luz a un periodo del que teníamos poca información. Aporta la historia de más de 300 casos que fueron juzgados por los diferentes tribunales, comenta las leyes utilizadas y los conflictos competenciales en este complejo mundo que fue el de la Corona de Aragón.

Bibliografía:

Riera i Sans, Jaume. Sodomites catalans. Història i vida, s XIII-XVIII. Editorial Base.

 

El autor es voluntario de la Coordinadora LGTB de Catalunya y Vicepresidente de Gais Positius. En 2009 organizó con Circiut Festival la exposición “Las relaciones homosexuales a través de la historia” y al año siguiente, con motivo del 30 aniversario del primer caso de SIDA, la exposición “VIH en positivo”. Paralelamente y con los materiales recopilados inició el blog L’Armari Obert.

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Alrededor del 17 de mayo, Día Internacional contra la LGTBfobia , el número 77 ha sido un símbolo para seguir luchando. En el mundo, 77 países todavía condenan la homosexualidad y nos encontramos ante una situación de seria regresión y rebrote de agresiones LGTBfobas.

En este marco, las reivindicaciones del movimiento LGTB en Catalunya han sido muy diversas y las movilizaciones importantes. El monumento en memoria del colectivo LGTB del Parque de la Ciutadella de Barcelona, acogió la primera concentración contra la LGTBfobia, una concentración en la que las asociaciones reclamaron que la la Ley contra la LGTBfobia fuera una realidad muy pronto, tal como recogieron en el manifiesto. La concentración fue convocada por las 25 entidades de la Plataforma LGTB.cat.

 

 

En Sitges se llevó a cabo una marcha reivindicativa que acompañaba la rehabilitación de la escultura del triángulo rosa que conmemora hechos homófobos ocurridos en 1996. La escultura fue una reivindicación del movimiento que quería que los hechos no fueran olvidados y no se repitieran.

La escultura se ubicó en el Paseo Marítimo y contó con la presencia del alcalde de Sitges, Miquel Forns, que destacó la importancia del acto .

En la marcha los diferentes colectivos destacaron la importancia de dignificar el colectivo LGTB en la memoria histórica y reclamaron, también, la aprobación de la ley contra la LGTBfobia

Una memoria que también fue el centro, horas antes, del XXI Memorial del SIDA que se desarrolló bajo el lema ” Presentes en la ausencia”. Un acto en el que el consejero de Salud, Boi Ruiz, lamentó el rebrote de agresiones homófobas y en el que Ferran Pujol, director de Proyecto de los Nombres-Hispanosida, reclamó más apoyo a las políticas de prevención, más inversión y más recursos, y también destacó que:

Desde nuestra entidad apoyamos, como ya hemos expresado en varias ocasiones la aprobación de una ley contra la homofobia por parte del Parlament de Catalunya, pero, somos conscientes, a la vez, que sólo con leyes no será suficiente para proteger la salud de las nuevas generaciones de nuestro colectivo

Días después diferentes representantes de entidades LGTB y algunos grupos parlamentarios reclamaron al Parlament de Catalunya que la ley contra la LGTBfobia pueda aprobarse con normalidad y sin tropiezos y recoja, también, la creación de una agencia catalana contra la discriminación a las personas LGTB .

El Govern se comprometió a aprobar la norma, aunque en las últimas semanas han anunciado la redacción de un proyecto de ley contra la discriminación que, de forma general, pretende erradicar cualquier tipo de discriminación, una propuesta a la que el colectivo se opone reclamando el cumplimiento de los compromisos.

Hay consenso en el movimiento LGTB, el apoyo de cuatro grupos parlamentarios, el compromiso de no vetar la norma y una propuesta diferente sobre la mesa.

El 30 de septiembre del 2013 el Estado belga le administró la inyección letal a Nathan Verhelst. Verhelst, un hombre transexual de 44 años, pidió al Estado que acabara con su vida tras realizarse una faloplastia (cirugía que consiste en la (re)construcción de un pene). En la rueda de prensa que ofreció horas antes de morir dijo: “Estaba listo para volver a nacer. Pero cuando me miré en el espejo me sentí asqueado. Mis pectorales no eran lo que esperaba y mi nuevo pene tenía síntomas de rechazo. No quiero ser…un monstruo.”

Podríamos destacar más detalles del caso pero me parecen más relevantes los debates que se tejen tras este titular que la historia personal de Nathan Verhelst. Es decir que no se trata de debatir sobre lo que él hizo con su vida (y su muerte) sino el contexto en el que esta vida (y esta muerte) han sido posibles y qué nos cuenta esta historia de la sociedad que habitamos, de nuestras normas sociales y de nuestras leyes. En este sentido pienso que el caso es especialmente paradigmático porque pone sobre la mesa múltiples debates éticos y políticos a la vez. En este artículo tan sólo abordaremos la cuestión de la modificación corporal de las personas transexuales pero es muy pertinente también el debate sobre la eutanasia. Bélgica es uno de los tres países europeos (junto con Holanda y Luxemburgo) en los que es legal la eutanasia si se demuestra un “sufrimiento físico y psicológico insoportable”. Podría ser interesante reflexionar sobre los límites de la definición de lo que en cada lugar se considera “sufrimiento insoportable”. Y sobre todo si en vez de asistir la muerte de quienes sufren no sería más efectivo erradicar las causas de esos sufrimientos cuando estos tienen que ver con malestares “sociales”. Básicamente porque la discriminación social genera muchísimo sufrimiento a buena parte de la población mundial y no creo que la solución sea facilitar su muerte. (Aunque son comprensibles las opciones individuales, como el caso de Nathan Verhelst, que no se quiso esperar a erradicar las causas de la violencia ).

Volviendo a la cuestión corporal, esta historia señala la importancia del cuerpo en nuestra cultura y de lo difícil que resulta vivir en el que uno no quiere. Muchas personas transexuales han encarnado a menudo esta idea con su empeño y perseverancia en modificarlo y transformarlo. El cuerpo que uno tiene es muy importante en nuestra sociedad, tanto que hay personas que se juegan la vida por cambiarlo. Y dicho sea de paso, cada vez más personas no transexuales recurren a las cirugías y los tratamientos médicos para modificarlo. España es uno de los países del mundo con mayor número de cirugías estéticas y pienso que este fenómeno debería, como poco, llamar nuestra atención. En qué mundo vivimos que la gente no quiere ya ni su cuerpo; ya no que no le guste del todo, o que deseara cambiar algunas cosas, sino que no se identifica con él, que no lo vive como propio, que se siente atrapada en él.

El cuerpo, la materia del cuerpo, es probablemente el lugar más natural que habitamos, y paradójicamente para muchas personas es un lugar terriblemente ajeno e incómodo. El cuerpo está profundamente interpretado por la cultura que constantemente produce significados sobre lo que es bueno o malo, lo que es bello y lo que es feo, lo que es hombre y lo que es mujer, lo que es blanco y lo que no, lo que es capacitado y lo que no.

Existen múltiples discursos médicos que señalan la cirugía de reasignación sexual como el mejor tratamiento para las personas transexuales. Y de hecho, buena parte de éstas modifican su cuerpo buscando mejorar así su calidad de vida. Actualmente hay importantes movimientos que reivindican la importancia de legalizar e incluso cubrir públicamente los tratamientos de modificación corporal de las personas transexuales. Pero la historia de Verhelst contradice esta teoría. No siempre la vida después de operarse es mejor, existen personas que incluso prefieren la muerte. Con esto no quiero decir que esta historia niegue todas las experiencias de personas transexuales que tras modificar su cuerpo han sentido una importantísima mejoría en su vida y en su autoestima. Lo que quisiera plantear es que la idea de que la solución al malestar está en el cuerpo es un problema, porque a veces aún modificando el cuerpo el malestar no desaparece, y entonces ¿que nos queda? El malestar en las personas transexuales acaba en su propio cuerpo, pero no estoy seguro de que ahí empiece. Creo que el hecho de vivir en una cultura en la que se nos ha explicado que existen solo dos cuerpos (macho y hembra), que tienen dos identidades de género asociadas (hombre y mujer respectivamente) y dos comportamientos vinculados a ellas (masculino y femenino) es gran parte del problema que experimentan las personas transexuales. Es más, creo que es la causa del problema.

El Estado belga fue el que asumió los costes y dispuso de los profesionales y los materiales para realizar los tratamientos de modificación corporal a Nathan Verhelst, algo que muchas personas podrían interpretar como muy progresista. La mayoría de países del mundo no cubren estas operaciones. Si situamos el progreso en que el Estado debe ayudar a la gente que quiera cambiar las partes de su cuerpo que no desea, pues sin duda Bélgica es una tierra prometida. Pero para mí lo deseable es que las personas no sientan la necesidad de modificar su cuerpo. La cobertura sanitaria pública de los tratamientos de las personas transexuales es una forma de paliar el sufrimiento de estas personas pero no tiene ningún impacto en la desaparición de este malestar, en el origen de estos sufrimientos.
Más allá de Nathan Verhelst, creo que es importante reflexionar sobre las soluciones que hemos inventado para paliar el malestar de las personas trans (y a menudo del conjunto de la población) y poder situar que la potencia de estas soluciones a corto plazo tiene también efectos a largo plazo. De la misma forma que reconocemos que la modificación corporal nos ha ayudado a sentirnos mejor debemos poder preguntarnos: ¿Exactamente, que va a hacer el día de mañana que nos sintamos más libres y felices? ¿Los quirófanos?

 

Miquel Missé (Barcelona, 1986). Sociólogo y activista trans. Ha participado en varios colectivos de lucha trans y ha sido un miembro activo de la Red Internacional por la Despatologización Trans como dinamizador de la campaña Stop Trans Pathologization. Ha editado conjuntamente con Gerard Coll-Planas/ El género desordenado: Críticas en torno a la patologización de la transexualidad (EGALES,2010) y recientemente Transexualidades, Otras miradas posibles (UOC, 2012). Actualmente es uno de los dinamizadores del Espacio Abierto Trans Intersex de Barcelona y del proyecte Cultura Trans.

La ablación de clítoris no es una práctica propia de países subsaharianos. Durante siglos se practicó en Inglaterra, Escocia y países del Imperio Británico. No fue una práctica generalizada, se desconoce cuando se inició; tampoco sabemos cuando se prohibió, ni en qué momento se dejó de realizar.

A pesar de que el siglo XIX inglés estuvo marcado por el omnipresencia de una mujer, la reina Victoria, las mujeres estuvieron ligadas a la voluntad de los hombres. Una mujer que quería independizarse lo tenía muy difícil, si además era lesbiana su vida se podía complicar enormemente.

Algunas optaban por escaparse de casa y buscar una vida en libertad llena de incertidumbres. A aquellas que decidían quedarse y no aceptar la voluntad de sus padres y maridos los podía esperar una horrible terapia: la ablación de clítoris.

La excusa acostumbraba ser la prevención de la promiscuidad o la infidelidad femenina: “si la mujer no tiene deseo sexual, se reducen las posibilidades de que busque el sexo fuera del matrimonio, con lo cual el honor de la familia está a salvo”. En muchos casos se consideraba que sólo el hombre tenía que sentir el placer sexual; la mujer no tenía derecho al placer, como tampoco tenía derechos políticos o civiles.

En la Inglaterra victoriana el lesbianismo no era considerado delito, pero no por defender la autonomía sexual de las mujeres, más bien todo el contrario, puesto que no se las consideraba aptas para realizar determinadas actividades. El lesbianismo no era aceptado como causa de divorcio, formaba parte del que concebían como “trastornos femeninos” .

Una de las causas de los llamados trastornos femeninos era una actividad considerada indecente: la masturbación. Esta práctica, decían, producía histeria, epilepsia, catalepsia, ninfomanía y lesbianismo . Para “curarla” se había ideado un remedio: la clitoridectomía (ablación de clítoris). El clítoris era considerado como un órgano masculino, otro motivo para ser eliminado.

La ablación de clítoris salió a la luz pública al 1866 cuando un médico ginecólogo inglés, Isaac Baker Brown, defendió públicamente este tratamiento ante la comunidad médica. Al mostrarlo abiertamente provocó un duro debate en la comunidad médica, y causó la expulsión de este médico de la Sociedad de Obstetricia de Londres así como la posterior prohibición médica de esta práctica.

Posteriores investigaciones en los registros de la oficina quirúrgica de Cambridge se encontraron con una amplia relación de casos en que un tutor masculino traía a una mujer porque le practicaran la clitoridectomía por unas 200 o 300 guineas. Existía una escasa atención científica de los libros de medicina al clítoris o a los órganos sexuales de la mujer.

En apoyo a Browm salieron al diario Times y el arzobispo de Canterbury. En la su defensa alegaron que una treintena de colegas suyos lo habían practicado y ahora eran los mismos que lo acusaban .

Aunque la comunidad médica condenó esta práctica en Inglaterra, la ley no lo prohibió hasta 1985, lo cual hace sospechar que se siguieron realizando de forma oculta.

Hoy la ablación de clítoris se realiza a 28 países. Sus orígenes pueden ser muy variados y por tanto de los países y sus tradiciones. En algunos casos se defiende como una cuestión de identidad cultural, también como una forma de distinguir a la mujer del hombre. Consideran que el clítoris es parecido al pene masculino, y sólo extirpando la mujer consigue su feminidad y la sumisión al macho.

Más información:
· Matrimonios entre mujeres en Inglaterra
· La ablación de clítoris en Inglaterra

 

El autor es voluntario de la Coordinadora LGTB de Catalunya y Vicepresidente de Gais Positius. En 2009 organizó con Circiut Festival la exposición “Las relaciones homosexuales a través de la historia” y al año siguiente, con motivo del 30 aniversario del primer caso de SIDA, la exposición “VIH en positivo”. Paralelamente y con los materiales recopilados inició el blog L’Armari Obert.

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Un año más Sitges celebra su Carnaval caracterizado por ser integrador con todo tipo de personas.

Músicas:

Chauffeur “The Things You Do”
Ricky Martin “Come With Me”
Pharrell Williams “Happy” (Danny Dove Remix / It’s The Kue Remix)
Ke$ha “Timber” (Craig Welsh Mix)

 

 

Parece que salir del armario empieza a parecer una moda. Ellen Page, la protagonista de Juno, se identificó públicamente como lesbiana y esto sucedió en el marco de las olimpiadas de invierno en Rusia que ha vetado por ley la “propaganda homosexual” y obliga a las personas LGTB a volver a la armario, un armario con llave y cerrojo .

Por otro lado, mujeres del mundo del deporte también han ido saliendo del armario (Casey Stoney , capitana de la selección inglesa de fútbol, últimamente ), reconocidas artistas también lo han hecho (Portia de Rossi, actriz, Elle DeGeneres, showwoman, Jodie Foster , actriz, Elena Anaya, actriz… en los últimos años) y otros han mostrado abiertamente su compromiso y apoyo al colectivo con besos en público, o en la ficción, o videoclips donde escenifican relaciones homosexuales (es el caso de Shakira y Rianna, Madonna, Britney Spears, Cristina Aguilera, Jennifer Aniston o Winona Ryder, por poner algunos ejemplos) .

Parecería que ser lesbiana es una moda. O salir detrás de las persianas y mostrarnos como somos se consideraría una moda. Pero no se valora lo que cuesta dar la cara, lo que cuesta salir de la invisibilidad querida o forzada. Salir públicamente y dar la cara, convertirse en referente para muchas otras mujeres que sufren discriminaciones por su orientación sexual, que escenifican amores heterosexuales o que esconden su pareja por miedo a la violencia y la exclusión. Se trata de un acto de valor incalculable, no una moda. Sle quitan valor a un acto valiente para minorizarlo para menospreciarlo, para despreciar y seguirnos excluyendo.

Lo que si que está de moda es la LGTBfobia, los gobiernos y las personas LGTBfobia salen de sus madrigueras y muestran su odio: Rusia, Uganda, Gambia… la iglesia católica colombiana que abandera una campaña contra “el adoctrinamiento lgtb” en la ley de educación. La cámara de representantes de Arizona aprueba un proyecto de ley que permitiría a la gente con negocio discriminar el colectivo LGTB y no darles servicio. Los asesinatos LGTBfòbicos en Brasil, Colombia, Nigeria… la LGTBfobia es una realidad violenta que se muestra y crece. Una violencia discriminatoria que crea exclusión y sufrimiento a muchísimas personas.

Ellen Page declaraba “Estoy cansada de esconderme. He sufrido durante años porque me daba miedo decirlo. Pero aquí estoy hoy, con todos ustedes, en el otro lado de todo ese miedo que me afectó mentalmente y en mis relaciones”. Declaró públicamente lo más privado para hacerse visible y para mostrar su sufrimiento en negarlo, al ser negada, pero también el sufrimiento de tantas otras que son negadas, que se niegan.

Salir del armario no es fácil, ni es una moda, pero hay que salir masivamente y convertirlo en una realidad.

 

Es técnica en imagen fílmica. Ha trabajado en varias emisoras de radio, televisión y publicaciones escritas. También ha trabajado como gestora cultural. En el campo de la creación artística y ha participado en proyectos audiovisuales y cinematográficos.
Fue diputada en el Parlamento de Catalunya, concejala del ayuntamiento de Esplugues y Secretaria de Políticas Familiares y Derechos de Ciudadanía a la Generalitat de Catalunya.
Ha participado en las publicaciones 20 anys de feminisme, Dones i Literatura. Present i Futur, Politiche familiari europee. Convergenze e divergenze , entre otros.
Actualmente es editora y jefa de comunicación y colabora en diferentes medios LGTB y participa del proyecto IDEMTV, con dos profesionales más.

Por una ley aprobada por las Cortes y sancionada por el rey, el 26 de diciembre de 1978, y publicada al B.O.E. del 11 de enero de 1979, se modificó –ahora hace treinta y cinco años- la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social (LPRS), para excluir los homosexuales, los rufianes y proxenetes, los menores abandonados o pervertidos y los que tenían trato habitual con malhechores.

La LPRS, que fue aprobada por el régimen franquista el 4 de agosto de 1970 (B.O.E, del 6 siguiente), creaba en las provincias unos Juzgados Especiales de Peligrosidad y Rehabilitación Social, y sustituía la La Ley de Vagos y Maleantes (LVM), de 4 de agosto de 1933, para el control de todos los elementos considerados antisociales por la dictadura. Esta LVM había sido modificada, el 15 de julio de 1954, para incluir los homosexuales. La LPRS fue derogada completamente por una Ley Orgánica de 24 de noviembre de 1995 (BOE del día siguiente). En un informe elaborado por dos investigadores se revelaba que, por lo menos, unos mil homosexuales fueron encarcelados, entre 1970 y 1979, por el régimen franquista, por la aplicación de la LPRS.

Los precedentes de la ley de peligrosidad

En los años 20 y 30 del siglo pasado estaba en plena efervescencia –sobre todo en los países totalitarios- la llamada “Doctrina de la Defensa Social”. Esta doctrina afirmaba que existían unas conductas que, sin estar tipificadas como delitos, denotaban un peligro para la sociedad por cuanto se podían considerar predelictivas. Para proteger la sociedad de estos peligros y corregir los individuos que las realizaban, el Estado, actuando de una manera paternalista, les imponía unas medidas de seguridad para “rehabilitarlos socialmente” que en realidad eran puras normas represivas.

El anteproyecto de la LPRS fue redactado por un juez catalán, Antoni Sabater i Tomàs, que era conocido por su animosidad contra malhechores y homosexuales. Pretendía que los homosexuales mayores de 16 años fueran declarados peligrosos sociales por el simple hecho de serlo. El anteproyecto fue discutido en las Cortes y fue afortunadamente modificado en el sentido que los homosexuales no fueran imputados por el simple hecho de serlo sino aquellos que probadamente realicen actos de homosexualidad, o sea, más de una vez. Esto fue el resultado de un debate dentro del Congreso de los Diputados a raíz de unos trabajos sobre homosexualidad y legislación que todos los diputados recibieron de la revista gay francesa Arcadie, por indicación del clandestino Movimiento Español de Liberación Homosexual(MELH), que se pudo apuntar su primer éxito.

Con la nueva ley, las prácticas homosexuales –a excepción de casos de escándalo público, criminalizados por el Código Penal en su artículo 433- no eran consideradas delictivas, pero sí predelictives y por esto la LPRS aplicaba unas “medidas de seguridad” orientadas a rehabilitar los inculpados, o sea, a convertirlos en “normales”, en heterosexuales. Unas medidas de seguridad, de sucesiva aplicación, entre seis meses y cinco años, tan absurdas cómo inútiles: internamente en centros de rehabilitación social, destierro de la provincia donde vivía el inculpado y presentarse, cada tantos días, en un cuerpo de funcionarios especiales, que nunca se creó y que fue sustituido por la policía o la guardia civil.

Democracia y derogación de la ley

A la muerte del dictador, el MELH va ser sustituido, el mismo año 1977, por el Frente de Liberación Gay de Cataluña (FAGC), cuya primera campaña tuvo por hito la abolición de la LPRS a base de artículos, entrevistas, actos sociales y, principalmente, manifestaciones ciudadanas. Para todos los hombres y mujeres gais podemos decir que, por primera vez a la historia de Catalunya, en más de mil doscientos años, la conducta o las prácticas homosexuales, libremente consentidas, no son objeto de ningún tipo de discriminación legal, y que, incluso, las actitudes, declaraciones, insultos, vejaciones, escritos, etc. de carácter homofóbico, ahora, son penadas por las leyes. Y esto gracias a la lucha dirigida -hace treinta y cinco años- por los propios colectivos. Las minorías, oprimidas o reprimidas, si no luchan para obtener los derechos y libertades de que disfrutan las mayorías, no los consiguen nunca; es lo que ha pasado con las feministas y con los negros entre otros.

 

Armand de Fluvià, genealogista y heraldista de profesión, ha dedicado una parte importante de su vida a la reivindicación de los derechos del colectivo LGTB. En 1970, bajo el franquismo, fundó el Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH), y fue fundador y primer secretario general del Frente de Liberación Gay de Catalunya (1975) y también presidente del Instituto Lambda (1976). En 2000 recibió la Cruz de Sant Jordi y en 2008 la Medalla de Honor de Barcelona. En la actualidad es presidente honorífico del Casal Lambda.

El 27 de enero del 1945 las tropas soviéticas entraban en el terrible Campo de Exterminio de Auschwitz. El año 2005 la Asamblea General de las Naciones Unidas decide asignar esta fecha como Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto. En la resolución aprobada se hablaba tan sólo de la persecución por cuestiones de origen étnico o religioso, por orientación sexual o de género estuvieron fuera de esta declaración inicial.

Entre 15 y 20 millones de personas fueron víctimas del régimen nazi, la mayoría de ellos judíos, también eslavos, polacos, comunistas, disidentes políticos, gitanos, discapacitados… También homosexuales, lesbianas y transexuales.

Pasados casi 80 años todavía no sabemos el número exacto de homosexuales, lesbianas y transexuales fueron víctimas del holocausto. Las cifras son muy dispares, van de los 10.000 (los reconocidos) a los 600.000 según las organizaciones LGTB. La causa es muy sencilla: La Vereinigung der Verfolgten des Naziregimes (Asociación de represaliats por los nazis) no reconoció a los homosexuales, lesbianas y transexuales como víctimas y la Alemania de la posguerra prosiguió su persecución hasta finales de los años 60. No fueron dignos de homenaje, no se los citó a los juicios de Nuremberg y no pudieron pedir indemnizaciones y hacerlo podía traer graves consecuencias. Alemania no reconoció a las víctimas LGTB hasta el 2002, cuando la mayoría ya habían muerto.

Homosexuales, lesbianas y transexuales eran considerados la peor de todas las escorias, estaban obligados a llevar el triángulo rosa invertido en la solapa. Palizas, castraciones, trabajos forzados, inyecciones mortales con morfina, lobotomías eran la práctica común. A los más jóvenes se los usaba como cobayas. Los suicidios fueron numerosos, parece ser que el porcentaje de muertos por este motivo fue el más alto después de la comunidad judía, se cree que entre el 40 y el 60% de los muertos lo fueron por este motivo. Los que tuvieron más suerte fueron enviados al frente bélico como carne de cañón.

Un año más el día 27 en el Parlamento Catalán recordó a todas las víctimas del holocausto, con el objetivo de mantener viva su memoria y hacer que nunca más se vuelva a repetir.

Testimonio de 5 personas LGTB que sobrevivieron al holocausto en la Alemana nazi:

 

El autor es voluntario de la Coordinadora LGTB de Catalunya y Vicepresidente de Gais Positius. En 2009 organizó con Circiut Festival la exposición “Las relaciones homosexuales a través de la historia” y al año siguiente, con motivo del 30 aniversario del primer caso de SIDA, la exposición “VIH en positivo”. Paralelamente y con los materiales recopilados inició el blog L’Armari Obert.

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