Artículos de opinión de Pablo Ortiz

Hace poco más de dos años que sé que soy asexual. Y hace unos dos años que soy activista, para intentar que la gente que es asexual no tenga que esperar a tener más de 20 años (o 50, según el caso) para entenderse.

Evidentemente, toda persona asexual puede vivir toda la vida sin saber que es asexual. En estos casos, la persona en cuestión se puede justificar a sí misma que es diferente al resto, y que la diversidad es algo frecuente y válido. Si hablamos de un caso real, más probablemente la persona asexual tendrá prejuicios contra sí misma, y ​​seguramente sentirá que está rota, que no es válida.

Reforzar esta idea es bien fácil a nivel social: basta con unas insinuaciones al grupo de amistades que indique que si no hay un interés fuerte en tener pareja es porque algo se esconde; una serie de televisión donde no querer tener sexo se vincule a traumas o trastornos mentales; un anuncio que nos recuerde que el sexo es el centro de la vida…

Si la persona asexual confía en el sistema, quizá acabará yendo al médico, a ver si le ayudan a arreglarse la orientación sexual. Según el profesional que le toque, tal vez termina con un diagnóstico y la medicación correspondiente. Y con estos sencillos pasos, la persona asexual que sospechaba estar rota recibe la confirmación plena y total a todos los niveles, e incluso con diagnóstico!

Al fin y al cabo, la asexualidad dejó de ser considerada enfermedad mental en 2013 con la publicación del DSM V. Y los profesionales seguramente no se leen estas actualizaciones.
Bueno, pero dejamos la teoría.

No pido a nadie que se imagine a psicólogas de Barcelona diciendo a las personas asexuales que tenemos enfermedades mentales. Os basta con sentir la Begoña Odriozola, psicóloga barcelonesa tratando de diagnosticar hacerme una enfermedad mental en directo en Catalunya Ràdio. Tal y como prevemos, nadie movió un músculo al ver como la radio pública de Catalunya se patologiza una orientación sexual. Tampoco lo hicimos las propias personas asexuales.

Era 19 de mayo de 2016 (hace menos de dos años), yo acababa de empezar como activista y las personas asexuales nos sabíamos desprotegidas. Parecía que lo que tocaba hacer era aguantar humillaciones públicas, por el bien de la comunidad. Realmente, tampoco las aceptamos todas, no participé en otro programa de radio donde la premisa era hablar de mi “enfermedad mental”. No sé si aquellos sacrificios tenían sentido para llegar hasta donde estamos ahora, pero la cosa es que hemos avanzado. En aquella entrevista y todas las demás, hice algo que la Begoña me criticó duramente, el “hacer bandera” de la asexualidad.

Y es normal que las personas que trabajan contra la diversidad y, más concretamente, contra la asexualidad, estén en contra de alzar su bandera. Y es que bajo ella las personas asexuales podemos agrupar para crear referentes culturales comunes que nos permitan crear y desarrollar nuestra identidad. Nos permite constituir espacios de cuidados, donde buscar el apoyo mutuo cuando quien abandera el discurso del odio se decide a atacarnos.

Y, más recientemente, nos permite incluso identificar las conductas discriminatorias y denunciarlas públicamente. Así lo hice en enero de 2018 con una sexóloga que decidió contraprogramar mis explicaciones teóricas sobre la asexualidad acusándome de ser “una esponja de mar”. Y lo hice en un vídeo de Código Nuevo, sin mencionar el nombre porque ya había retirado el artículo (falta saber si por vergüenza o por miedo a que la gente fuera consciente de su nivel real).Hoy hablo de la Begoña con la esperanza de no tener que decir muchos más nombres, como mínimo de Catalunya.

Por cierto, si estás leyendo esto y te han discriminado por ser asexual, te invito a denunciarlo en la web de la Asociación Catalana de asexual. Quizás no podremos hacer mucho. Pero te puedo garantizar que las personas que lo hemos impulsado lo intentaremos duro. Del mismo modo que heredamos todo el trabajo hecho por la comunidad asexual y la trasladamos a la sociedad.

Begoña, si me estás leyendo, saludos.

 

Pablo Ortiz Navarro (Barcelona, 1992) ha estudiado biotecnología y dirección de proyectos, entre otras cosas. Actualmente preside la Asociación Catalana de Asexuales y colabora con diversas entidades sin ánimo de lucro. Cree vital visibilizar la asexualidad para acabar con la discriminación y la patologización que la acosa.

 

LIBROS DEL ARMARIO

5253
"Durante casi medio siglo, París fue mujer, una mujer inteligente, creativa, fascinante" Dice Andrea Weiss, autora de Paris era mujer. Retratos de la orilla...

ARTÍCULOS DE OPINIÓN

746
Reportaje sobre la entidad G.A.G. (Grupo de amigos GLTB), un grupo abierto en el que todas las personas integrantes son voluntarias. Pdemos encontrar la sede...