por Carme Porta

Entrevistamos a Ana Lucia Lodi, reconocida activista por los derechos LGTBI en Brasil y especialista en Género, Sexualidad y Derechos Humanos. Actualmente es vicepresidenta del Consejo Municipal de Derechos de la Mujer de Balneário Camboriú y coordinadora de la Comisión LBTI + del mismo Consejo de la Mujer y miembro del Consejo de Derechos Humanos. Por otro lado, también es presidenta de la Subsección del IBDFAM – Instituto Brasileño de Derecho de Familia – de Balneário Camboriú y ofrece asistencia jurídica a personas de la comunidad LGBTI en Brasil con la asociación seme Diversidade (Sembrar diversidad) de la que es presidenta. Anteriormente, fue presidenta de la ABRAFH (Associação Brasileira de Familias Homoafetivas).

Brasil es el país de América del Sur donde se asesinan más personas LGTBI. El año 2017 se registraron 445 casos, con 179 muertes violentas. La agenda política del país está recogiendo las demandas del movimiento LGTBI?

Desgraciadamente, la verdad es que no. Todos los progresos se dan por vía judicial. Los políticos, en buena parte queriendo gustar los religiosos neopentecostales, con una agenda ultraconservadora, combaten cualquier intento de avanzar. Desde 2006 hay tentativas legislativas que el Congreso Nacional deja en el cajón.

Este 2018 se ha conseguido una conquista histórica para la población LGTBI, como es el matrimonia homoafectivo, a través del Supremo Tribunal Federal que garantizó a travestis y transexuales el derecho de alterar el nombre y el registro de sexo que constaba en las oficinas del Registro Civil. Sin embargo, estas conquistas nunca son definitivas, ya que como (no) legislación positiva, estos derechos pueden ser retirados en cualquier momento. Especialmente ahora que acaba de ser elegido un nuevo presidente que nunca ha negado ser homófobo. Al contrario, se enorgullece de serlo.

Como está viviendo la comunidad LGTBI el ascenso de Jair Bolsonaro, un presidente claramente LGTBIfob, hacia la presidencia de Brasil?

Con miedo, con mucho miedo. Nunca se había repetido tanto esta palabra. Más allá de las agresiones físicas, existe el terror psicológico con frases amenazadoras a las puertas de los aseos públicos e incluso dentro de las universidades y en las redes sociales. Ya ha habido personas golpeadas y amenazadas. Hay profesores y profesoras que han recibido presiones y que deben vigilar con lo que dicen en las aulas para no ser mal interpretados. No se puede hablar de historia o de sociología sin ser tratado de “izquierdista gaicista” y otras cosas totalmente sin sentido. Entre parte de la población ha crecido la creencia en un espantajo moral llamado “ideología de genero”, donde se cree que la educación para la diversidad tendría como finalidad no tanto enseñar a niños y niñas y adolescentes a respetar todas las personas en sus orientaciones sexuales e identidades de género, sino volverlas gays, lesbianas, bisexuales o transgénero, aunque la mayoría de la población no sepa cuál es la diferencia entre transgénero y cisgènere.

Después de la elección, ya como hecho consumado, comienza un movimiento, aunque tímido, que habla de resistencia.

¿Cuál es la estrategia política del movimiento LGTBI brasileño en este contexto claramente contrario a los derechos del colectivo?

En este primer momento ha sido de divulgación de contactos para denunciar cualquier tipo de agresión, apoyo jurídico, manuales sobre cómo hacer frente al fascismo y las precauciones que son necesarias. Han surgido grupos de apoyo mutuo vía Whatsapp.

El discurso de Bolsonaro ha calado en las clases populares? Estamos hablando de un relato que liga las personas LGTBI a las drogas, minoriza las mujeres, defiende la tortura y la pena de muerte … un retroceso evidente.

Sin duda. Las transformaciones culturales ligadas al reconocimiento y la visibilidad de la emancipación femenina y del movimiento LGTBI en el escenario contemporáneo han desatado miedos colectivos. La reacción a la esfera pública es una cultura basada en la socialización religiosa de las personas, partiendo de material impreso por los medios evangélicos, webs religiosos en Internet y posicionamientos oficiales que generan una percepción equivocada de lo que realmente es el género y la diversidad sexual. Todo esto crea discriminación, que recae en el colectivo LGTBI en forma de homolesbotransfòbia, porque inventa un personaje peligroso y muy estigmatizado y produce un colectivo de segunda categoría.

Bolsonaro es un defensor a ultranza de los valores de la familia tradicional, cuál es la situación actual de las familias homoparentales en Brasil y cómo ve esta actitud del presidente electo?

¿Cuál es, en realidad, esta familia tradicional brasileña? Serían los indios nativos? El último censo de población demostró que más del 50% de las familias en Brasil no tiene el formato padre, madre e hijos. Son madres solas con hijos, abuelas que cuidan de los nietos, hermanos mayores que con hermanos más pequeños… En el último recuento, habría más de sesenta mil familias homoafectivas. Creemos que la cifra debe ser mayor, debido a la vergüenza que todavía tienen algunas personas de reconocer su situación familiar frente a terceros.

La actitud y las palabras del próximo presidente son amenazantes. Hay criaturas que ya padecen, preguntando si serán devueltas a los orfanatos, si dejan de tener familia. Serán estigmatizadas las criaturas que tienen dos padres o dos madres en el certificado de nacimiento? Se prohibirá el matrimonio entre personas del mismo sexo? Y la seguridad jurídica de los matrimonios ya existentes? Todo esto inquieta a las familias. Sin contar con el peligro inminente que surja un agresor que se sienta avalado por el discurso de odio del candidato.