La noche del pasado 9 de noviembre, el mismo día de la caída del muro, el mismo día de la gran fiesta democrática en Catalunya, se recordaba una noche nefasta en que el terror se apropió de Alemania. Una noche en que los nazis, persiguieron destruyeron y asesinaron a las personas por su origen. La noche de los Cristales Rotos.

Poco después también asesinaron muchísimas personas del colectivo LGTB, llevaron el odio al extremo, hasta la muerte. Pero este odio aún latente, existe en proyectos políticos que se legalizan, en jerarquías eclesiásticas que lo niegan e incitan a dar pasos atrás, en la violencia de grupos organizados que nos persiguen y amenazan.

Ya tenemos una ley que nos acompaña, pero la LGTBfobia debe detenerse combatiéndola, no basta con una ley, la debemos hacer cumplir y debemos hacerla nuestra. La sociedad necesita una educación más justa que reconozca las diferencias y los derechos a la igualdad de oportunidades, un sistema de salud que no excluya, unos servicios de atención que nos miren sin uniformizarnos en la norma heteropatriarcal…

La LGTBfobia se debe combatir desde la visibilidad, el compromiso y el ejercicio de los derechos. Así no se querrán quemar libros, ni encerrar a aquellos y aquellas que son diferentes, ni romper vidrios, ninguna noche.