Nos lo dijo Esther Nolla, presidenta de AMPGYL en una entrevista a IDEMTV:“La escuela es una espacio inseguro para todas aquellas personas que no cumplan las expectativas de presunció de heterosexualidad y de género, con el género asignado”. Fue una frase que nos impresionó por cruda y, desgraciadamente, real. Muchas veces hablamos de los progresos en la diversidad sexual en la enseñanza y no lo tenemos que dejar de hacer: ¡tenemos que celebrar las pequeñas victorias! Pero nos tenemos que dar cuenta que la enseñanza, pese a los progresos, no es todavía un entorno seguro por que los menores LGTB se socializan de forma normalizada e inclusiva. Y ser conscientes de la realidad no nos tiene que hacer ser pesimistas pero si saber de qué punto partimos. Quizás tenemos la sensación que somos muy avanzados en el Estado español en materia LGTB, y en comparación en otros muchos países lo somos efectivamente, pero todavía queda mucho para hacer. Y en la enseñanza todavía hay muchos adolescentes LGTB que sufren por no poder vivir su sexualidad abiertamente.

La Coordinadora LGTB de Madrid presentó un estudio Homofobia en las aulas que señalaba que el 80% de los menores no se atreven a salir del armario, el 90% creen que hay LGTBfobia y el 40% señala que los profesores no contribuyen a luchar contra la LGTBfobia. A pesar de que son datos exclusivamente de Madrid, pensamos que son datos bastante extrapolables en todo el Estado y soprenendentes en un país de los pocos donde gays y lesbianas se pueden casar. El futuro es nuestro, si lo trabajamos. Y las escuelas es, entre otros, uno de los espacios básicos para que las próximas generaciones vivan su sexualidad de una forma más libre. Para esto necesitamos escuelas libres de LGTBfobia, escuelas que enseñen valores de diversidad, en este caso sexual, como parte inseparable del currículum escolar.