Europa era hace poco más de dos años, el paradigma de los derechos personales. Para el colectivo LGTB una parte de Europa, llamada Unión Europea, era considerada como la parte del mundo donde se miraba y avanzaba en nuestros derechos desde el respeto y el reconocimiento. Las cosas han ido cambiando, primero lentamente y ahora de forma mucho más rápida.

La LGTBfobia social avanza de forma inesperada, avalada por propuestas políticas de ultraderecha y simbología cercana al nazismo, o directamente nazi. Se empiezan a negar nuestros derechos aunque se siga avanzando en algunos estados, como el Estado francés. La orientación sexual pasa a ser motivo de mofa y discriminación, de nuevo, sin leyes que se hagan ejecutar o en estados donde no había habido nunca. Rúsia pasa a ser el estado abanderado de la LGTBfobia y, a pesar de las demandas, el boicot no se hace efectivo . Portugal sigue sin reconocer las adopciones a parejas del mismo sexo dejando las familias LGTB en la incertidumbre, a pesar de la demanda del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Las demandas del colectivo LGTB iban avanzando y avanzaba, también, la normalización social, algo que empieza a retroceder, como lo hacen nuestros derechos, con propuestas beligerantes. En el Estado español ya se ha empezado el derecho a decidir sobre el propio cuerpo de las mujeres, los discursos gubernamentales nos tienen en el punto de mira, no podemos bajar la guardia, nos jugamos demasiado.