EDITORIAL
 

Jodie Foster ha sido la estrella mediática de la semana con su salida del armario. De hecho Foster ya había reconocido su lesbianismo pero nunca lo había hecho tan públicamente. En el mismo discurso en que se mostró, Foster reclamaba privacidad, respecto a su vida privada y la de su entorno.


Esta falta de respeto, por parte de algunos medios, ha sido la razón que personajes públicos han esgrimido para “tapar” su orientación sexual. En el mundo del espectáculo no ha frenado a mucha gente, dado que acaba siendo un hecho conocido, pero si lo ha sido en otros ámbitos: político, deportivo… especialmente las mujeres. Los hombres gays han mostrado mucho más a menudo que las lesbianas.

Este no es un hecho que se da únicamente en el ámbito de los personajes públicos, también lo es entre las personas “anónimas“. Las lesbianas preservan mucho más la privacidad de su orientación sexual que los gays. Aunque las generaciones jóvenes están rompiendo esta tendencia este es un hecho relevante. Si lo analizamos encontramos que las mujeres tienen un estorbo en el reconocimiento social de la propia sexualidad. De hecho, el rol social de las mujeres era el de educarse para el cuidado del marido, la casa y los hijos y su sexualidad únicamente dirigida a la procreación. El integrismo católico ha ido incentivando este rol y la doble moral de la sexualidad masculina (también dirigida a la procreación, pero a la que se le reconocían “canitas al aire“).


El hecho que las “famosas” se muestren, es un hecho doblemente relevante dado que la falta de referentes ha provocado más discriminación y doble vida. El hecho de que las mujeres lesbianas se muestren abiertamente, salgan de detrás de las persianas, las cortinas, los armarios… es importante como lo sigue siendo el hecho de que hombres gays lo hagan y trans masculinos y femeninos se muestren en diferentes ámbitos profesionales, sociales, políticos … vivir bajo la presión del patriarcado no es fácil, pero mantener la doble existencia y preservar así esta presión no es un asunto de privacidad sino de falta de autoestima y de aceptación de un sistema de valores que nos niega.

Jodie Foster reclamó respeto a su privacidad y la ha defendido en los últimos 20 años de forma que, de alguna manera, a pesar de vivir en familia, con dos hijos en común y compartiendo la vida totalmente con otra mujer, no había permitido reivindicarse como lesbiana y hacer conocer su felicidad a otras mujeres y hombres con una orientación homosexual que necesitaban referentes. El respeto a la privacidad es necesario, etiquetarse públicamente, hoy por hoy, también lo es y no es necesario hacerlo incompatible pesar de las presiones y la discriminación. Caminar hacia la normalización y hacia un futuro no discriminatorio reclama salidas del armario.